SOCIEDAD EMPRENDEDORA (?)

La doctrina de pensamiento único ligada a una lógica basada en la economía neoliberal ha facilitado la emergencia del emprendimiento como única respuesta iluminadora al empleo y apropiación de la riqueza. Este discurso ha calado en todos los ámbitos de la vida y, lo que es todavía peor, se ha colado en la Educación. ¿Quién nos asegura que en una estructura de educación pública se están defendiendo los intereses públicos?

El discurso que defiende el emprendimiento económico es peligroso y se ha apropiado de componentes puramente humanos. El resultado de este emprendimiento responde a un sistema económico y social capitalista donde todo se traduce a: ¿Cuánto ganas? ¿A qué gano yo más que tú? La diferenciación del valor entre personas según su riqueza e ingresos.

La figura del emprendedor, como ideal al que debemos aspirar, se enmarca dentro del capitalismo popular, promulgado en sus inicios por Margaret Thatcher y que se basa como ella dijo en “una democracia de posesión de propiedad”. En dicho marco todos y cada uno de nosotros podremos ser exitosos, en términos de rentabilidad y de propiedad, ya que se promulga la idea de que los logros únicamente dependen de nuestro talento y nuestro esfuerzo. En este sentido, se trata también de fomentar a los trabajadores para que liberen sus cualidades como individuos y así puedan ser más independientes.

Economía crítica y Crítica de la Economía

La iniciativa emprendedora es necesaria para las aulas, para el desarrollo de talento en las personas. ¿Cómo podemos oponernos a esto? ¿Acaso la escuela infantil y primaria no podría ser libre de currículos? ¡Pero qué cosas digo! Eso de la escuela libre es para hippies.

Pero claro… en el modelo de sociedad actual es mucho más fácil ser gurú del emprendimiento que hippie de la escuela. Así, las niñas y niños en las escuelas, apenas en quinto o sexto curso de primaria, ya experimentan iniciativas emprendedoras para el negocio. Y apréciese bien fuerte: el negocio. Existen modelos de escuela que nos motivan a emprender hacia fines puramente de riqueza individual. “Falla rápido, falla barato” decía un gurú que responde a un mercenario de la educación.

El emprendimiento articula una serie de habilidades y capacidades puramente humanas: la creatividad, la motivación, la pérdida de miedo… ¿hacia qué? ¡Hacia cualquier ámbito en la vida! Y en concreto, se introduce con las tecnologías digitales. La conexión, la transmisión de conocimientos y la innovación se fortalece con estas tecnologías. El emprendimiento favorece el desarrollo y la colaboración.

Emerge el concepto Start-Up para diferenciarse del modelo tradicional de negocio o empresa. Así, en puro S. XXI y en un entorno altamente digitalizado, se crea una nueva figura de empleo en el que para triunfar, tan solo te debes esforzar más… Donde el éxito ya no depende tanto de tu idea, sino de cómo enamoras a los inversores con tu idea. La Start-Up no deja de ser eso: un proyecto empresarial, una empresa emergente que asume un riesgo económico y el riesgo de la propia innovación. Y el emprendimiento puede ir mucho más allá…

Y escupo sobre tu música de neoliberal que dice “para triunfar: solo te has de esforzar”. Vete a la mierda ya, puto gurú barato. Menos libros de autoayuda y más sindicatos.

Se han apropiado de una gestión y educación emocional en la escuela: parece que la inteligencia emocional sólo puede tener fines productivos. Se ha instalado un lenguaje capacitista en el que no todas las personas valen. Los modelos hacia el emprendimiento son variados pero se debe conocer la coyuntura social y política que determina cuáles son los válidos. Se recomienda desarrollar un emprendimiento sostenible, abandonando el único discurso de acumulación y apropiación de la riqueza.

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